martes, septiembre 1, 2026
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Entre sofismas, paralogismos y Método Socrático

Vivimos en una sociedad en la cual la comunicación entre sus miembros se maneja entre sofismas, paralogismos y, en algunos casos, el método socrático.

La influencia del circo político, la pérdida del norte unificador, la decidida intención de tener la razón, aunque se tenga que aplastar al otro, mueven entre nosotros estos tres tipos de razonamiento en la interacción.

El sofisma lo vemos en el manejo de comerciantes, políticos y empresarios en sus expresa intención de engatusar a sus interlocutores con sus razonamientos.

El paralogismo de forma empírica se da en los casos en que los fundamentos de las ideas emitidas están extraviados o son falsos en los fundamentos de las ideas emitidos o son falsos, aunque no hubo intensión de eso.

Con el método socrático se busca, a través de preguntas, motivar el razonamiento crítico y evaluativo de las ideas y juicios de quien nos habla.

Este es menos abundante. Se presenta en el ámbito educativo y en algunos individuos fuera de este que tienen como misión contribuir con el razonamiento.

En los últimos años nos han inoculado la desconfianza entre los diferentes entes de esta sociedad.

Papel activo y de primer orden en la expansión de este sentimiento disgregador juegan los últimos gobiernos neoliberales que hemos tenido; las iglesias protestantes, las cuales han aumentado enormemente su feligresía; las ONGs, cuyos miembros niegan la realidad en que viven e intentan imponer las que les cuentan como idóneas.

Muchos individuos carentes de razonamiento, todo el tiempo irritados e impositivos por falta de educación hogareña, prefieren agredir, pelear o mandar a callar a sus interlocutores cuando son confrontados.

Cosechamos ahí los frutos de las deficiencias de no haber domado esa fiera que viene con cada uno al nacer y que, expresamos con furiosos gritos, pataleos y agresiones a los padres, las cuales dejan pasar por ser niños. Luego grandes, se manifiestan en la convivencia.

Una sociedad la cual ha instituido la comercialización de las relaciones humanas, no es para menos que estas se basen en intenciones ventajosas.

De forma descarada y sin ambages, muchos así lo expresan; actúan en consonancia. Otros, especialmente féminas, para venderse a buen precio, recurren a múltiples trucos estéticos y de cirugías, adaptando sus cuerpos a prototipos de belleza demandadas.

El sofisma se concretiza haciendo del cuerpo femenino un artículo transformable para la comercialización.

Estos procedimientos son costosos. Cada vez se cobran la vida de muchas jóvenes.

En torno a ellos se ha instituido toda una industria la cual moviliza gran cantidad de recursos los cuales hacen, a médicos carniceros, explotadores de esas miserias humanas.

Las deficiencias del sistema educativo, el desarraigamiento del individuo junto a la relativización de todo el pensamiento que permitió la sobrevivencia social, ha debilitada todo.

La juventud, motor de los grandes pensamientos y transformaciones, la tenemos dormitando en vaguedades, la llamada cultura urbana y egoísmo individualistas.

Su mundo es muy limitado y lo fundamentan en una practicidad a la cual llaman habilidad.

Es notoria su intención en negar el mundo y la existencia de hacer las cosas que correspondió a sus padres.

Consideran a todo lo anterior a ellos como anticuado. Sus pensamientos están enfocados, más que en construir, en consumir y disfrutar.

Por lo regular el nivel de razonamiento de las jóvenes generaciones es flojo, las falencias que los sustentan les hace rondar entre el sofisma y el paralogismo.

Aunque algunos logran impactos, cuando se les cuestiona y tienen que razonar, cuestionan sus propias prácticas y estilos de vida y pensamiento.

Inmediatamente proceden a justificarse con el manido argumento de que eso es lo que vende y la sociedad quiere. Esto nos lleva a creer que vivimos en una sociedad enferma. Lo más bonito es que es de conocimiento de todos.

Queremos que mejore, pero, que sea otro que haga las diligencias de esto. Cuando ese otro aparece, les caemos cual jauría a criticarlo y acabarlo.

Pasa diferente con los vendedores de sueños, encantadores de serpientes y avivatos. La habilidad de estos en dosificarnos, enmascararnos y hacernos partícipes de los males, los hace más potables.

En la cúspide de la vida práctica, en la que se hace necesario acudir al engaño, la manipulación y el sofisma para sobrevivir, se encuentran los buscones.

Estos, con maestría pasmosa, digna de los políticos del patio, engatusan con su disposición de servicios e intermediario.

Son expertos encareciendo el precio del producto o el servicio que los incautos y desesperados requieren.

Sus ganancias, muchas veces duplica el precio establecido de lo que se busca. Las autoridades son conscientes de este lastre. Como no les afecta, los obvian.

En torno a esos movimientos también se dan muchos robos descarados. La ida de individuos de bien a los lugares donde se concentran esas fieras, es poner carne fresca entre animales ansiosos y hambrientos.

No es fácil, se reconoce, el derecho de cada cual, a comer, pero, eso de justificar y permitir institucionalizar el descaro de la búsqueda, no está bien.

Lo rentable de esta actividad es aliciente a jóvenes que han perdido la esperanza en las oportunidades que ofrecía la escuela y las dificultades para la trascendencia que ofrecen los deportes.

Vivir del pendejo es mucho más fácil. El país está lleno de estos. Así que, las posibilidades de explotación son enormes.

Movilizarse en ciertos ambientes y acceder a ciertos servicios es difícil y traumático. Esto es así, por el desorden que se teje en torno a ellos.

Pareciera hecho a propósito para engrosar la economía informal dando de comer a quienes participan en ella.

Sin ser genio hemos visto como los sectores de toma de decisión establecen un marco y más atrás aparece un grupo de agüizotes de la vacuidad, teorizando sobre esta idea puesta en sus cabezas. Poco importa las consecuencias negativas de esa decisión.

El hecho es, imponerla. Nos ha pasado que, como el marco adoptado varia en la sociedad de referencia, se cambia sin cuestionar los lastres, abusos cometidos e injusticias impuestas. Observe lo que ha pasado con el sistema educativo.

Por simple esnobismo se impuso promover a los escolares simplemente por estar inscritos. Aunque aparecieron voces que denunciaron, las de aquellos con complejos de papagayos, por dedicarse a repetir y justificar lo mandado tiene más fuerza.

Los aires en otros países desarrollados señalan lo perjudiciales de los aparatos electrónicos en los primeros años escolares, solo porque desde allí se tomaron medidas restrictivas, aquí se empiezan a adoptar leyes en ese tenor.

La mayéutica, esa forma de inducción del razonamiento enseñada por Sócrates, ha sido marginada, secuestrada y considerada anticuada. Esta se sustituyó por el constructivismo. En la escuela esto ha sido especialmente perjudicial.

Durante varias generaciones se ha burlado a la sociedad dizque haciendo que escolares construyan el conocimiento.

Sin ir muy lejos, los resultados saltan a la vista dejando mucho que desear. Los resultados en las pruebas internacionales son monumentos a la ineficiencia de un sistema que funciona como una boa: engulle enorme cantidad de recursos con resultados exiguos. 

Esto ha dejado enorme ganancia a ciertos personeros e instituciones que hicieron de estas deficiencias sus mejores fuentes de entradas líquidas. Señalando al magisterio como culpable de la desazón, lo utilizaron como material cautivo para cursos de veranos, posgrados y maestrías mientras la situación se mantiene sin cambios.

Hay de nosotros que permitimos que la criticidad que nos abre el método socrático haya sido secuestrada por el sofisma.

El último recoveco de libertad de una sociedad no es la publicitada democracia, tampoco son los ilusorios y reconocidos derechos humanos.

Este está en ese lugar que ofrece la idiosincrasia e identidad cultural y que nos permite pensar de forma crítica a partir de lo que somos.

Los razonamientos a partir de las necesidades creadas artificialmente empujan a tomar decisiones engañosas.

Nos tienen metidos en un laberinto el cual nubla nuestros objetivos nacionales, razón de ser y esperanza.

Recuperar la idea de hacia dónde nos dirigimos es tarea pendiente.

Por Gerson de la Rosa

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