miércoles, mayo 6, 2026
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Mentira y manipulación de la verdad en la interrelación dominicana

Esta sociedad, que se forjó desde los cimientos de la  esclavitud  ante  el embate  de  la posmodernidad, se  deja “enrevesar” y pierde  su  norte. A paso agigantado deja de ser ella misma para intentar imitar parecer otro que quieren que seamos.

Esta característica, conocida y bien estudiada, común a estratos sociales intermedios y ascendentes, hoy se extiende a toda la sociedad. En la misma es habitual negar la procedencia y más si esto se relaciona con la marginalidad, pobreza, esclavitud o procedencia de razas estereotipadas como inferiores.

El caso es intentar borrar el propio proceso de desarrollo histórico para, de forma forzada, ajustarlo a aquellos vividos por quienes reconocemos como superiores. Negarse a sí mismo e intentar ser otro o lo que conviene es una tarea difícil y tortuosa.

Ayer, los españoles lo intentaron con prohibiciones, imposiciones y obligaciones. En la actualidad el método parece más sutil pero igual de despiadado. Al esclavo se le prohibía hablar en su lengua y expresar sus manifestaciones mágico-religiosa.

Ahora, para adaptarnos a los nuevos tiempos nos piden, más bien nos imponen desaprender para volver a aprender.

Como fue en la colonia, donde los amos se valieron de los mayorales y capataces para imponerse, en esta época, tal vez más prolífica a la sumisión, la tendencia a servir como portaestandarte de ideas foráneas es mayor.

Si esto asegura un sueldo regular, o al menos deja cierta entrada ocasional, se he capaz de hacer o decir cualquier cosa. ¡Servir como intermediario, facilitador, vocero o propagandista de ideas es una forma de ganarse la vida!

Fungir como propagandista, mentiroso o charlatán por conveniencia se convierte en profesiones muy lucrativas. Los que así actúan cultivan y ponen todos sus talentos en marear, embobar y engatusar para venderles ideas, productos, proyectos, formas de pensar y actuar a incautos.

Para los que se resisten les tienden una red la cual los apresa a través de lazos familiares, amistades y sociales. Fíjese como se forjan las afiliaciones con los partidos políticos, las compañías telefónicas, los bancos y con otras instituciones.

Para nosotros, sobre todo el campesino, su más valioso tesoro era el valor y peso de su palabra. La palabra dada era sagrada. No había duda de eso. Si sobre todo después de la invasión norteamericana de 1965 y la apertura a la formación de tantos partidos políticos, el afán por controlar, enajenar y dilapidar los bienes del Estado, la palabra dada se empezó a poner en nebulosa.

Surgió el descaro como forma de hacer política y hasta de relacionarse. Al principio fue una actitud de los administradores de las empresas en su función social frente al rol que jugaron y la con su fundador y la nueva realidad.

Luego, vienen las justificaciones de los pocos que, en tiempos económicos difíciles, lograban conseguir trabajo en esas empresas. A estos no les interesaba la realidad o verdad de lo que estaba pasando en la empresa donde consiguió trabajo. Lo importante era que tenía que defender, a capa y espada, a quien le daba trabajo y la institución que lo acogía.

Así surge o hace proliferar los charlatanes que no son más que individuos a los cuales lo que menos les interesa es la verdad. Para esto lo importante es hacer su contribución para disipar la verdad, envolverla en un manto de humo, palabrería, medias mentiras personales e históricas de abortos de realidades impuestas o que se quieren imponer.

De esta forma se favorece una posición en el circo político. La misma actitud asumen quienes así proceden con casos personales. A los charlatanes, en la sociedad dominicana, se les tuvo marginados.

Una de las peores ofensas que se podía hacer era llamar a un individuo como tal. La emisión o imputación de esta, en los campos, sobre todo en el Cibao, llevo a muchos a enfrentamiento con cuchillos llamados “lengua de mime”, con las consiguientes muertes y enfrentamientos entre familias.

La propaganda se convirtió en la principal cantera de bloques de arena con que se construye la posmodernidad dominicana. Esta actividad recae, por lo regular, en empresas cuyos dirigentes y empleados son especialistas en manipulación de las debilidades de la población a quienes dirigen las ideas que les asignan.

Es difícil encontrar escrúpulos en los diseñadores de las logísticas de una campaña propagandística. Allí lo más importante es tocar las fibras más sensibles para tener el impacto requerido por quien o quienes contratan estos servicios.

Poco importa lo engañosa, retorcedura o manipuladora de la verdad o el daño social que se genera. Casi siempre este último se disipa en los recovecos de los intríngulis sociales.

Desde siempre, la frase “echar una bola de correr”, en el sentido de emitir una expresión, afirmación o juicio difamatorio contra una institución o persona, se une con la mentira para indisponer o enemistar a la población en contra de un líder o partido político.

Es común la recurrencia a estos recursos por los sindicalistas, especialmente transportistas, intermediarios y comerciantes para justificar sus monopolios, aumentos de precios en sus servicios y vagabunderías.

No se quedan atrás las campañitas como las montadas contra el magisterio que usa los medios de comunicación para difundir que los maestros y los médicos tienen sueldos de lujos y no trabajan. Por igual dicen que los choferes son los dueños del país.

El cierre de muchos servicios, la disminución de otros, pero, sobre todo, el paso de la escuela a forma virtual, enseño a muchos que las cosas no son tan cómo se dicen. No nos hacen vivir realidades creadas a partir de intereses espurios. Lo peor de todo es el convencimiento que generan en muchos. Las contradicciones y enfrentamientos señalan por donde andamos.

Esta situación de charlatanería, medias mentiras, cuentos, manipulaciones de la verdad, propaganda engañosa, creación de falsos positivos, mentiras descaradas, narrativas fabricadas y lo políticamente correcto, ha sido, de múltiples formas, la realidad sobre la que se ha  construido la moderna dominicana. Algunos ni se han enterado.

Otros la notaron pero, como esto entra en contradicción con la educación hogareña recibida, no la aceptan, la echan a un lado. Esto dos grupos son víctimas de quienes los consideran anticuados y trogloditas.

Están aquellos que se montaron en la ola “woke” y viven su vida como que nada es nada. El derrotero de na vida vacua no les preocupa. Por eso hoy lidiamos con tantas personas depresivas, sin sentido de la vida.

Una reconocida universidad sirvió como portaestandarte de la pseudociencia que deben sostener la interrelación. De ahí parten las discusiones, iniciativas, leyes y proyectos y ONGs que transformaron nuestro país en un Estado neoliberal.

Con gusto y sin cuestionamiento sirvieron como promotores de políticas cuestionables que condicionaban erogaciones de recursos siempre y cuando se aceptaran normas y leyes lesivas a nuestra identidad, nivel de desarrollo y nuestra cultura.

Otro grupo, manejadores de informaciones, se levanta con mucha fuerza. Estos son los opinadores de nuevo cuño. A través de la radio e internet se dirigen a la población en programas en los cuales mayormente evacuan insania, miserias humanas y depostricaciones.

Estos opinadores de nuevo cuño son la nueva y refrescante cara del espectáculo. Día a día, en sus emisiones, desnudan, aprovechando los derechos concedidos por la democracia, las iniquidades y trapos sucios de la política vernácula, la justicia y la cotidianidad.

Igual que el amarillismo, este sector se presta a la prostitución; se vende al mejor postor. Con facilidad pasmosa monta campañas difamatorias. En estos montajes, por lo regular, es notorio la actitud de guapos que adoptan.

Defienden con vehemencia sus cuartos. Raras veces, aunque lo digan, asumen responsabilidades de los juicios emitidos. Se creen inmunes. Intentan desconocer o descalificar las opiniones ajenas sobre ellos, cuando no les favorece.

Su incidencia en esta sociedad enferma, con valores elásticos o huecos, necesitada de culpables desenmascarados para utilizarlos como blanco de descargas de sus frustraciones, es significativa.

Los torna poderosos e importantes. Son vías de información y escape de quienes necesitan ocultar la realidad, descargarse aunque sea en pensamientos, maldiciones y expresiones sobre otros.

Por Gerson de la Rosa

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