La medicina no ha sido neutra. Durante décadas investigó principalmente en hombres y luego extendió esos resultados a toda la población, como si ese cuerpo representara a todos.
Hubo que esperar hasta 1993 para que el National Institutes of Health exigiera incluir mujeres en ensayos clínicos (Mauvais-Jarvis et al., 2020)
No es un detalle técnico. Es una forma de mirar —y de no mirar— que deja huellas en la práctica clínica.
Las enfermedades no siempre se manifiestan igual en hombres y mujeres. Cuando esa diferencia no se reconoce, el diagnóstico se retrasa y el tratamiento también.
En las enfermedades cardiovasculares no siempre aparece el dolor en el pecho. En muchas mujeres surge cansancio inexplicable, náuseas, dolor en la mandíbula o falta de aire, síntomas que no encajan con la imagen clásica del infarto y retrasan la sospecha clínica (Mehta et al., 2020) Y mientras dudamos, llegamos tarde.
Con el accidente cerebrovascular ocurre algo parecido. En mujeres pueden aparecer síntomas más difusos —confusión, cambios en el estado mental o debilidad general— que no siempre se reconocen de inmediato (Bushnell et al., 2023) Otra vez, llegamos tarde.
En reumatología, la espondiloartritis puede comenzar sin las alteraciones radiográficas descritas en los manuales. Hay dolor y fatiga, pero la imagen no confirma. Cuando la radiografía pesa más que la experiencia de quien consulta, el tratamiento se posterga (Sepriano et al., 2022)
El lupus y otras enfermedades autoinmunes debutan con síntomas difusos: cansancio persistente, dolor articular, niebla mental o lesiones en la piel. Con frecuencia se atribuyen al estrés mientras la enfermedad avanza (Fanouriakis et al., 2021)
La diabetes tipo 2 en mujeres puede iniciar con señales aparentemente menores, como infecciones urinarias repetidas o fatiga persistente, que no despiertan sospecha inmediata (Peters et al., 2021).
En salud mental ocurre algo similar: la depresión puede expresarse como ansiedad, culpa o agotamiento extremo, y con demasiada frecuencia la respuesta clínica se limita a una receta (World Health Organization, 2022) Medicalizar sin escuchar también es no ver.
Medicina no ha sido neutra
En ginecología, la endometriosis puede tardar años en diagnosticarse porque el dolor menstrual se normaliza. Diversos estudios estiman retrasos cercanos a siete años (Zondervan et al., 2020)
Pero no todo es biología. La sobrecarga de cuidados, la precariedad económica y la violencia influyen en quién accede a la atención y cuándo (World Health Organization, 2023). Ignorar eso no es neutralidad científica. Es ceguera clínica.
Este 8 de marzo no basta con hablar de empoderamiento. Hablemos de atención de calidad.
Porque cuando los síntomas no encajan en el manual, no es la paciente la que está equivocada: es el modelo clínico el que necesita actualizarse.
Por Lillian Fondeur


