Redacción (Agencias).- La guerra en Medio Oriente podría sumir en la pobreza a 32 millones de personas en 162 países, informó el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).
El impacto es mayor en las naciones situadas en el centro o cerca de los combates, pero a largo plazo, los daños también pueden ser considerables en países más alejados de las zonas de conflicto.
La agencia de la ONU muestra en su análisis que el impacto provocado por la escalada del conflicto en Medio Oriente no se limita a los países directamente afectados, sino que repercute de manera desproporcionada en aquellos que disponen de los márgenes presupuestarios más limitados para absorber el aumento de los precios de la energía y los alimentos.
Para estos países, la crisis impone dilemas imposibles entre estabilizar los precios hoy y financiar la salud, la educación y el empleo mañana.
La guerra hace retroceder el desarrollo: en pocas semanas, un conflicto puede aniquilar lo que las naciones construyeron a lo largo de los años, declaró Alexander De Croo, administrador del PNUD.
Aunque se anunció un alto el fuego en la noche del martes al miércoles, el impacto de esta guerra, que ya dura seis semanas, ha pasado de una fase aguda a una duradera, y cuanto más se prolongue, mayor será el riesgo de que la pobreza se agrave rápidamente en los países vulnerables.
En el peor de los casos, 32 millones de personas podrían caer en la pobreza, y la mitad del aumento mundial de este flagelo afecta al grupo de los 37 países importadores netos de energía.
Si bien las economías avanzadas están en condiciones de amortiguar los efectos de las crisis energéticas, los países de la región del Golfo, Asia, África subsahariana y los pequeños Estados insulares en desarrollo son especialmente vulnerables.
Podría sumir en la pobreza
En la región de los Estados árabes, las simulaciones sugieren que cerca de cuatro millones de personas más podrían verse empujadas a la pobreza en escenarios de alta intensidad de conflicto.
El aumento de las tasas de pobreza se concentra en el Levante y en los países frágiles (Sudán y Yemen), donde la vulnerabilidad básica es mayor y las crisis se traducen en pérdidas de bienestar más acusadas.
El PNUD prevé una caída del Producto Interno Bruto (PIB) de entre 3,7 y 6,0 por ciento, lo que supone una contracción de entre 120 mil y 194 mil millones de dólares, concentrada en las subregiones del Consejo de Cooperación del Golfo y el Levante.
En África, las economías y los hogares ya se han visto afectados, lo cual exige una respuesta política rápida y eficaz.
Las perturbaciones en el suministro energético del Golfo amenazan el acceso al amoníaco y la urea en plena temporada de siembra (marzo-mayo), lo cual podría reducir la producción agrícola y agravar la inseguridad alimentaria de emergencia, sobre todo en hogares de bajos ingresos y economías dependientes de importaciones.
Por Prensa Latina


